¡Feliz Navidad y Feliz 2017! Adiós 2016…

Os deseamos a todos que paséis unas Felices Fiestas y que tengáis un 2017 repleto de felicidad y buenos momentos. ¡¡¡Y nada mejor que desearlo desde nuestra montaña preferida Peñanegra!!!!

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Ha sido nuestro primer año como equipo, y para nosotros han sido 365 días de ilusión, carreras y entrenamientos y risas…

Comenzamos en Hervás, donde diluviaba.

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Corrimos kilómetros verticales.

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Hemos entrenado con sol, de noche, lloviendo, hemos desbrozado…

Hemos tenido tiempo de diseñar nuestro logo.

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Corrimos nuestro Puerto entre Miliarios.

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Colaboramos en carreras benéficas como en Peñacaballera para Andrea.

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Hemos sudado en asfalto y en la sabana africana de Zarza de Granadilla

Todos animamos a Oscar en el Ultrail de la Covatilla

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Pero sobre todo, hemos conocido mucha gente y coincidido con muchos amigos…. Sergio, Alvaro, Mayte, Bernardo, Depa, Raul, Esther, Omar, José Carlos, Gustavo, Alfredo… y muchos más.

Tampoco nos queremos olvidar de nuestros mayores fans y fotógrafos, que nos hacen estos reportajes y que nos animan pero que nunca salen o quieren salir: Juan Carlos, Rebeca, Ali, Cristina y Silvia, que nos acompañan a casi todas las carreras sin importarles el tiempo que haga y que nos dejan este recuerdo…

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Tenemos muchos proyectos y aventuras pensadas para este 2017 que esperamos poder contaros y que os gusten, mientras tanto seguiremos entrenando los abuelos del equipo mientras los jóvenes fichajes están llegando a casa a esas horas y encima nos ganan…

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¡Felices Fiestas y Feliz 2017!

Por esto (también) nos gustan las carreras

Nos encanta ir a correr, salir a entrenar sin importar el tiempo que haga, y como no, ir a todas las carreras que podemos, pero también nos encanta el ambiente que se crea en las carreras.

Llegar y recoger el dorsal, y como no, las primeras fotos… Óscar, por favor, agáchate que nos haces sentir pitufos a tu lado, yo creo que sigue creciendo, jajaja.

Con las fotos comienzan las primeras risas y comentarios de la carrera, hasta que Jacinto hace de guía y como de costumbre nos pierde y aparecemos fuera del pueblo, según él, visita turística. Seguimos viendo el ambiente, hoy han venido a animarnos Silvia y Juan Carlos, y no es la primera vez que lo hacen… Lo más tierno de la mañana es el amor entre hermanos y poner caritas para las fotos que no paramos de hacer.

Toca cambiarse (hay fotos pero preferimos no publicarlas para no perder la poca reputación que nos queda) y calentar para la carrera.

Algunos estiran muy bien, otros hacemos lo que podemos, y Óscar no tiene más remedio que reír, normal. Sin olvidar de lucir el modelito para la carrera de ese día.

Luego empieza la carrera, cada uno como puede la termina con distintos resultado, pero como siempre todos contentos, llegamos a meta y las conversaciones de cómo nos ha ido a cada uno. Las llegadas a meta son lo mejor, el saludo a los niños que nos esperan y unas entradas con poses raras y revisiones de dorsal que parecen cualquier cosa.

Y vuelve el ambiente de las carreras que tanto nos gustan, además muy animada con payasos y un gran speaker.

En fin, que la Subida a los Campanarios ha sido una gran carrera con un gran recorrido. La organización perfecta y el ambiente increíble.

Gran actuación de Ángel, 34 minutos en hacer los 8 km, que claro, se merecen un premio ¿no creéis? Campeón de su categoría y campeón absoluto.

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Aunque siempre tengamos que hacer la foto al niño Jacinto con todos los premios… Hasta la próxima chicos!!!!!!!!!

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Óscar Hoya y Pedro: un gran dúo en Ultrail La Covatilla

Mí carrera empezó el día que me enteré que Heras organizaba una ultra por la zona de Bejar, la cara que se me puso 😀 fue muy diferente a la de mí mujer 😡, yo pensé, no me la puedo perder, ella pensó, puff, no se la va a perder y me va a tocar a mí, aguantarle, muy parecidas las frases, pero muy distintas según quien las piense 😂. Llegaron los entrenos, los madrugones, pero había que hacerlos para poder superar la carrera que nos tenía preparada el señor Heras. La semana de la carrera pensé en la dieta, y al final casi no la hice, comí lo que me pareció y por los resultados salió bien. El viernes cuando fui a buscar el dorsal, empezaron los nervios, en la charla que tuvimos por la noche se acentuaron y la noche fue malísima, apenas dormí. Me levanté animado, ilusionado,con unas ganas locas de correr y en cuanto mí buen amigo Pedro me vino a buscar, supe que ya no había vuelta atrás, esto iba en serio, muy enserio, 82 km con un desnivel positivo de 4900 m y un recorrido pensado para expertos, que iba a hacer un pardillo de 44 años que lleva poco más de 4 años metido en este mundillo de las carreras de montaña. Empezamos a saludar a corredores que hemos conocido hace poco, a otros viejos conocidos de salir con ellos a correr, se les notaba nerviosos como a nosotros, pero todos lo disimulábamos diciendo, que frío hace (la verdad es que lo hacia). Nos acercamos a la linea de salida y a los primeros que me encuentro, son a dos buenos amigos, Antonio Bogallo y Angel Miña, nos fundimos en un abrazo que me da una emoción especial y aún más fuerzas que  las que llevaba. Empiezo a ver a más gente que ha madrugado para animarnos, que campeones son, con lo bien que se estaría en la cama y hay están dándonos su apoyo y ánimos MUCHAS GRACIAS, vosotros hacéis grande esto. De repente aparece la de cara 😡del principio de la historia con los peques Nacho (súper despierto y Adrián , súper dormido ) los ojos se me humedecen y no del frío, los abrazo, les doy un beso y pienso para mí: “la voy a terminar por vosotros”. Sin apenas tiempo de despedirme, beso a mí mujer y empiezo la aventura.

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Dan la salida, vamos por todo el ancho de la carretera escoltados por la policía, te sientes importante, poderoso, pero vuelves a la realidad en la primera rampa durísima de los pinos, en fila de a uno, nadie habla, sólo se oye la respiración de todos los corredores, alumbrados por el frontal del que viene detrás. Los primeros comentarios que oigo son muy negativos, menuda cuesta y acabamos de empezar, nos quedan 81 km  y ya vamos con la lengua fuera, puff, empiezan los primeros comederos de cabeza, mis compañeros Pedro y Juanfran no dicen nada, yo les animo, me miran y ni me contestan, sólo resoplan. Terminamos esa durísima rampa y empezamos a correr hasta la carretera de Navacarros, pasando primero por la cuesta más dura de Candelario. Empieza la subida al pico del águila, primer test importante para ver como vamos, Pedro va el primero tirando de Juanfran y de mí, el ritmo es bueno para Pedro y para mi, pero no tanto para Juanfran que nos dice que vamos demasiado rápidos. Coronamos el pico del águila con el calor que nos dan los aplausos de al menos 50 valientes que nos animan, pero muertos de frío, un aire fortisimo y una temperatura bajo cero, el suelo estaba duro y la hierba algo blanca ( y yo en calzonas y con poca ropa en la parte de arriba, se nota que estoy casado con una de Bilbao 😂). Llegamos al avituallamiento de La Covatilla y nos tienen que dar de comer y de beber, llevamos las manos heladas. Empezamos a correr y pronto coronamos la cima de la sierra, más frío y más aire, se notan los 2300 m. de altura. Empezamos a descender entre piedras a las lagunas, con mucho hielo en las piedras, que hace más difícil todavía el ya complicado descenso. De repente dos extraterrestre nos pasan, son Álvaro García y Roberto Heras, dos buenos amigos, los animamos y se pierden de vista en un instante, son de otro mundo. Enseguida echo en falta a otro buen amigo, Alfredo Gil, y les comento a Pedro y Juanfran que me parece muy extraño que no vaya con ellos, claro, después nos enteramos que se había retirado (que pena). Llegamos a la Central de Solana, después de un accidentado descenso, donde vimos bastantes caídas y perdidas de zapatillas por la gran cantidad de barro que había. En el avituallamiento nos encontramos a nuestro amigo Martín (el Gorri ) que esta allí de voluntario,se alegra al vernos y nos dice que vamos muy bien, nos acompaña un rato en la durísima subida hasta la laguna de solana, este trozo hasta la cima de Talamanca yo le tenía pánico, es una subida bestial, durísima, técnica y lo peor, muy larga.Yo sabía que este era el punto clave de nuestra carrera, según como lo pasáramos, tendríamos éxito o no en la ultra.
La verdad es que se nos dio mejor de lo que yo esperaba  y cuando nos encontramos a nuestra amiga Merce todavía mejor, nos fue guiando, hablando y explicando cosas de la subida de arroyo Malillo ( que es como se llama este trozo tan duro) y la verdad es que casi me parecía que íbamos cuesta abajo (es broma, aquello parecía el Everest ). Una vez que coronamos, me encontré a cuatro locos que nos animaban entre comillas, que mala cara lleváis, os han adelantado un montón de gente, pues anda que no os queda, daban ganas de tirarles unas piedras de las muchas que teníamos a nuestro alcance, pero había que contenerse, eran buenos amigos, pero con poca psicología, yo le eche la culpa al frío, me dije, a estos se le han helado las neuronas (Miguel, Javi, Emilio y otro que no conocía) les dimos las gracias por las palabras de animo (para que nos retiráramos 😡) y seguimos rumbo al Paso del Diablo y al Torreón. Le dije a Pedro que aumentara el ritmo, que allí empezaba nuestra carrera, y Juanfran seguía diciendo que íbamos muy rápido 😂🏃 . Ahí si empezamos a ir rápidos. La llegada hasta el siguiente avituallamiento se nos hizo eterna, nos quedamos sin agua y cada vez que preguntábamos a un voluntario su respuesta era la de un robot, en 20 m. llegáis al avituallamiento, mentira y gorda 😢 esos 20 m. en realidad fue una hora que pasamos bastante mal. Estuvimos corriendo un montón de km hasta que llegamos al Corral de los Lobos de La Garganta, y allí vi a mis peques, con mi mujer al frente 😡😘. Momentazo

Momentazo de carga de energía, no lo sabéis vosotros bien, ahora Juanfran si tenía razón, íbamos rápidos y tanto que le dejamos atrás. Llegamos a Hervas muy fuerte los dos, ya estábamos adelantando a gente y eso era buena señal. Comimos algo, nos cambiamos de camiseta (me puse la de Puerto Trail Running, en honor a mis compis del equipo de Puerto) y tiramos en dirección a otra durísima subida que hay entre Hervas y la Garganta. El ritmo de Pedro era buenisimo, adelantamos en ese tramo tan duro a 5 corredores y uno de ellos se  nos engancho, sin decir nada se nos puso detrás, si corríamos, corría, si andábamos, andaba, pero no decía nada, yo miraba a Pedro y nos reíamos. Era un poco molesta la situación, así que en una de estas arrancadas, paradas, alargué el brazo hacía atrás le cogí de la mano y le puse a nuestra altura, me miró, se rió y le adoptamos. Se llamaba Paco y era un sevillano muy majo, durante los últimos 30 km nos acompañamos los tres, he hicimos la carrera más amena. Llegamos a la Garganta y nuestros buenos amigos Luismi y Raúl (paporros) estaban en el avituallamiento esperándonos, nos dieron de comer y beber, nos despedimos de ellos y nos dirigimos en un espectacular y rápido descenso a Baños de Montemayor. En una de sus calles por donde buscábamos el avituallamiento me encontré a mis padres esperándome (otro gran momento de emoción para mi). Otro momento que marcó la carrera, fue la salida de Baños, Pedro había ido tirando el primero casi toda la carrera, y ya se le notaba cansado, entonces tomé la cabeza del triplete y puse un ritmo muy fuerte, Puerto estaba a tiro de piedra y eso me daba una fuerza especial. Tuve que esperarlos, animarlos, reñirles, pero era un momento clave, se estaban viniendo abajo los dos, yo creo que se acordaron de mí madre y de mis antepasados, pero había que hacerlo, por ellos y por mí. Llegamos a Puerto y aquello fue una pasada, había medio pueblo allí, animándonos, mimándonos, aplaudiendonos, aquello olía ya a meta.

Sin parar mucho y agradeciéndole a la gente sus ánimos, nos pusimos a subir Peña Negra (mi segunda casa 😂), hice una subida prácticamente a 4 patas, piernas y riñones a muerte. Adelantamos a dos corredores y Pedro y Paco no decían nada, yo les preguntaba que como estaban y apenas me contestaban. Les estaba apretando al máximo pero era ya el último esfuerzo. Coronamos exhaustos los tres, pero con una sonrisa de ya está hay Béjar. Hacemos un descenso vertiginoso, con la luz de los frontales que no nos dan casi luz de como bajamos, Pedro se cae, yo casi le pateo y Paco se echa las manos a la cabeza. No puede ser, nos quedan 3 km y estamos por los suelos, Pedro se queja y yo de una fuerte voz le hago que se levante y tire para abajo como alma que lleva el diablo 👺👹. Oímos ya la música, oíamos a Depa, ya era nuestra la ultra, veo al fondo a Nacho y Adrián que vienen a nuestro encuentro, Nacho le da la mano a Pedro, yo a Adrián y con ellos cruzamos la linea de meta. Paco en un bonito gesto se queda atrás con su  hija y entra separado de nosotros. Nos fundimos los tres en un abrazo, lo habíamos conseguido. Después abrazos, besos ,con amigos , familiares y nos vamos a cenar. Pedro me mira yo le miro, y le digo SI PEDRO LO HEMOS HECHO .No nos entra ni la comida, ni la bebida, estamos llenos de coca cola por dentro, que es prácticamente lo que hemos bebido y comido en casi 14 h. De repente se acerca un corredor y nos pregunta que si somos Pedro y Oscar, le decimos que si, nos da las gracias, es el hermano de Paco, gracias por cuidarle nos dice, aparece Paco, con su mujer, su hija y su madre, todos nos dan las gracias, que gesto tan bonito tuvieron con nosotros esta familia sevillana (viva Sevilla y olé 💃💃💃). Detalles que marcan a la gente, gracias Paco a ti y a nos tuyos por esto.Esta es mi crónica de una carrera que me ha marcado por muchos motivos.GRACIAS A TODOS POR LOS ÁNIMOS QUE ME DISTÉIS 😘😘.

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Esther Guijo: mi reto Ultrail La Covatilla

Cuando me enteré de que iba a celebrarse la primera edición del Ultra la Covatilla, el deseo y la duda irrumpieron en mi cabeza: ¡Uffff…un ultra a mediados de octubre…demasiado tarde para mí que me gusta correr con sol y buen tiempo… son muchos ya los kilómetros acumulados en las patas a estas alturas de temporada…!
Pero… ¿Cómo no voy a ir? ¡Si es en mi casa! ¡Y encima pasa por Puerto! ¡Y lo organiza Miguel Heras!
Y como suele pasarme en estos casos, pudo más el corazón que la cabeza y en cuanto abrieron inscripciones, allí que me apunté, de la mano de Raúl, compañero de locuras y aventuras montañeras.
Pero claro, estos arrebatos que le dan a una sentada frente a la pantalla del ordenador, contemplando los toros desde la barrera, desde donde todo te parece fácil y posible, te juegan la mala pasada de que se hacen reales, y así, esta impulsividad a la que amo y odio en igual medida, me llevó a situarme en el parque de Béjar, el día 15 de octubre, a las 7 de la mañana, dispuesta a tomar la salida.
Cuando me enfrento a una carrera de estas características, siempre lo hago con nerviosismo e inseguridad y con la sensación de que voy a ser la que menos va a correr de todos los participantes y la última que va a atravesar la línea de meta, si es que consigo hacerlo. No importa que una acumule ya bastantes ultras en las patas, las sensaciones se repiten siempre. Son ideas recurrentes que sacuden mi cabeza. Pero como ya se sabe, esto de los ultras es sobre todo manejo y control mental, y con disciplina férrea, vas y pones a tus fantasmas en su sitio, sacas todo el genio y el coraje que llevas dentro y le plantas cara a la situación, le enseñas los dientes y te dices a ti misma: “A morir matando, Esther, vamos a la guerra, a ver quién gana la batalla en esta ocasión, a disfrutar de lo que más me gusta: las montañas y el desgaste físico, poner cuerpo y mente al límite…” qué le vamos a hacer si una es así, y cual conquistadora de lo inútil, encuentra la felicidad en estas cosas.
La carrera está a punto de comenzar. Hace frío, noto el cuerpo perezoso, le cuesta entrar en acción a temperaturas bajas, y más cuando son los primeros fríos de la temporada. Con nervios y pocas ganas de hablar, saludo a amigos y compañeros de batalla, esperando a que den la salida y termine ya la tortura previa. Salimos. Siempre digo que los primeros kilómetros de un ultra son los más difíciles de gestionar, si haces caso a tu cabeza, te darías la vuelta y correrías de vuelta a tu cama. Es inevitable pensar: “pero donde voy, si tengo por delante más de 80 km y un montón de horas de carrera, esto es imposible, no tiene sentido” ¡Stop! ¡No se piensa!…hasta que no pasen al menos cuatro horas, no permito que mi mente se detenga en este tipo de ideas, y me centro en el momento, en la carrera, las sensaciones, respirar el aire del amanecer…soy una afortunada de poder estar aquí.
Poco a poco, mi cuerpo se despereza. Voy con Raúl hasta que llegamos al primer avituallamiento en el Km 7. Él se para para quitarse ropa, yo, como en otras ocasiones, prefiero continuar, soy muy rítmica y parar no me va bien, ya me dará caza en breve, pero ya no le vuelvo a ver. Seguimos subiendo, en repetidas ocasiones aminoro un poco el paso y miro hacia atrás intentando localizarle, pero no consigo verlo. Al llegar a La Covatilla recibo los ánimos de amigos y paisanos lo que supone una inyección extra de motivación. Pese al viento y el frío, mi cuerpo funciona y tengo buenas sensaciones. Seguimos subiendo y corriendo por la cuerda del Calvitero. En el avituallamiento de la Goterita enlazo con Alfredo, tercer componente en carrera de “Los Uña Negra” afrontamos juntos La bajada a la laguna del Trampal, que discurre por pedreros técnicos, además las piedras están húmedas y patinan, hay que tener cuidado. Suelo moverme bien por este tipo de terreno, pero quiero ser prudente y no asumir riesgos innecesarios.

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De camino ya a la Laguna del Duque, comienzo a tener calorcito, se nota el descenso, el sol empieza a mandar, el viento nos da una tregua En el avituallamiento pienso incluso en ponerme en corto para que el cuerpo respire, pero finalmente decido no hacerlo, pues pienso que en la nueva subida que tenemos que afrontar, el frío y el viento querrán volver a ser protagonistas. ¡Comienza nuevamente la fiesta! ¡Toca subir!
Tras superar la tubería y acceder a la laguna, afrontamos unas trepadas, me siento cómoda en ellas, me gustan, disfruto. Las patas ya van calentitas, es hora de encararse con la canal de Hoyo Malillo. Desde abajo, diviso la hilera serpenteante de colores fosforitos que salpican el escarpado terreno, los veo pequeños… pequeños somos en medio de esta inmensidad de montañas entre las que tenemos la suerte de vivir. Voy subiendo a ritmo, nadie me da caza por detrás, yo voy cogiendo a algunos corredores. Comparto el tramo herboso final con un almeriense de adopción que, cosas de la vida, me dice que su familia tiene casa en Puerto… ¡Manda narices que una conozca a los vecinos en estas circunstancias!
Al alcanzar la cuerda, la carrera nos obsequia con un espectacular paisaje. Unos voluntarios me indican desde esta majestuosa atalaya por dónde continúa nuestra aventura. Troto un poco para darle vida a las piernas después de la fatigosa subida. Mi cabeza fantasea con la posibilidad de seguir corriendo, pues las piernas aún responden, hasta que un voluntario me hace presagiar que de nuevo vuelve el terreno técnico. Asombrada, afronto el Paso del Diablo, me gustan este tipo de destrepes en carrera, así que lo disfruto y me recreo contemplándolo unos instantes una vez lo he superado.

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Pasamos muy cerca de la cumbre del Torreón y comenzamos una bajada técnica en escalones, entre grandes bloques de piedras, atravesando lugares emblemáticos de la sierra como Hoya Moros.

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Bajo bien, pero empiezo a notar ciertas molestias en la planta de los pies y me alegro de haber dejado otras zapatillas en la bolsa de vida de Hervás. Llego por fin a la Dehesa de Candelario, recupero fuerzas en el avituallamiento y aprovecho, al fin, para quitarme ropa, pues dejamos ya atrás la zona de alta montaña. Llegado este punto toca hacer balance, empieza la segunda parte de la carrera y aliviada, desterro uno de los temores que había rondado por mi cabeza antes de afrontar la prueba: aún tengo fuerzas para correr. Me uno a un grupo de corredores y compartimos carrera hasta Hervás. La bajada hasta la localidad extremeña me resulta espectacular, un camino empedrado precioso que hago íntegramente corriendo, disfrutando y sintiéndome afortunada por poder disfrutar de momentos así. Cuando entro en Hervás me llevan en volandas las voces de ánimo de mi gente, Felipe, Esperanza, Elvira y los peques. Felipe hijo me acompaña corriendo hasta el polideportivo, da gusto ver correr a este chaval, pienso, una técnica perfecta. En el pabellón aprovecho para cambiarme de ropa y de zapatillas, como un poco, relleno bidones y… ¡Vámonos, que me siento fuerte!
Comienzo una subida pronunciada en la que sudo la gota gorda… ¡Madre mía! En esta carrera no acabo de encontrar el equilibrio en lo que a temperatura se refiere, son las seis de la tarde y seguramente en pocas horas el termómetro se desplome de nuevo .Si a esto le sumamos el desgaste físico, es posible que el frio vuelva a ser mi compañero de viaje. Sigo trotando cuando el terreno llanea o desciende y así, poco a poco me acerco a La Garganta. En el avituallamiento hay un ambiente estupendo. Los voluntarios se vuelcan con nosotros. Aprovecho para sacar el frontal, pues queda ya poco tiempo de luz. Corro unos kilómetros por la carretera que se dirige a Baños hasta llegar al camino, es momento de encender el frontal. La senda de bajada es estrecha y sinuosa, con mucha vegetación. Voy atenta al suelo, no quiero caerme a estas alturas. Llevo una especie de marcha-trote, me siento fuerte, aún con energía pese a los kilómetros acumulados. Voy sola y en este magnífico escenario afloran mis instintos animales y me sorprendo pensando que me siento jabalí en medio de la noche, me escucho incluso gruñir…madre mía, esto de correr tanto no es bueno para la cabeza…
Pronto veo las luces de Baños y en breve vuelvo a ver mis pasos escoltados por las ágiles carreas de Felipe y Andrés. En el avituallamiento me cuesta ya comer, no me entra nada. Callejeamos por Baños, vuelvo a ver con ilusión a Esperanza y Elvira, que se vuelcan en ánimos conmigo y me informan de que Raúl sigue en carrera junto con Alfredo. ¡Los Uña Negra seguimos batallando! Felipe me acompaña en la salida de Baños. Este hombre es incombustible. Me cuenta cómo le ha ido en el maratón y se despide de mi cuando el camino se estrecha no sin antes ponerme al tanto de las características del terreno en el que voy a adentrarme.
¡Ya huelo a Puerto! eso me da alas, pese a lo incómodo del camino que discurre por la vía desmantelada. Me muevo por territorio conocido, voy saboreando la alegría de llegar a casa. Miro a la izquierda, veo las luces de la gasolinera…ya no queda nada. Pienso en las veces que he paseado por este camino…cuando me quiero dar cuenta estoy saliendo al depósito. Allí me espera uno de los momentos más emotivos del día. Una algarabía de chiquill@s (y no tan chiquillos) me está esperando y todos juntos nos lanzamos calle abajo, desbocados y sin freno por “La Cuesta de La Simona” Me emociono, a estas alturas de carrera, con el cuerpo muy castigado ya, las emociones están a flor de piel. Nos acercamos al ayuntamiento. Describir este escenario me resulta muy difícil. Lo había vivido ya en la Ruta Vetona el año pasado, pero no por repetido fue menos intenso ni emocionante. Toda mi gente animándome, arropándome… pienso en estos momentos y aún se me ponen los pelos de punta, son esos instantes que se quedan grabados en lo más profundo de tu memoria y pasan a formar parte de la película de tu vida.
Me despido agradecida y orgullosa de mi gente y entono el grito de guerra “¡Y ahora me voy a Peña Negra!”
Mentalmente intento motivarme: Venga, Esther, que ya solo es un paseo…subir a Peña Negra, una de mis montañas fetiches, la primera montaña que subí siendo niña, la montaña a la que siempre necesito volver cuando estoy en Puerto…
Abandono la zona iluminada y me adentro en la oscuridad. Voy sola. Me siento cómoda en el monte en medio de la noche, me gusta. Subo más o menos bien hasta la Dehesa. Me voy embobando por el camino, contemplando con admiración el inigualable espectáculo que me ofrece la noche, con una luna llena que quiere ser testigo de la agonía que va a depararme “mi montaña” Cuando comienzo la parte más escarpada soy consciente de mi agotamiento y me siento extenuada, aminoro bastante el paso, ya voy como puedo, el caso es no parar, el cansancio me ha caído encima como una losa, pienso en comer, pero me siento incapaz de meter nada en mi estómago. Por momentos tengo sensaciones similares a las que experimenté la segunda noche en el UTMB. Sé que la cabeza tiene la clave, intento distraerme, pienso que es la primera vez que subo a Peña Negra de noche, y contemplo el bonito escenario de las luces de los pueblos dispersas en la lejanía. Oigo voces detrás de mí, comienzan a darme caza algunos corredores. Agradezco sus ánimos y apoyos. Por fin corono en el collado de lo que nosotros llamamos “El Canchal de la Muela” Acepto la coca cola que me ofrece un voluntario y… ¡ ale! a intentar trotar, que ya todo es cuesta abajo, ¡esto ya está!
Mi cuerpo se recupera un poco y consigo dar algo de viveza a mi marcha/trote, que a estas alturas una se mueve ya de maneras difíciles de catalogar. Intento seguir a los corredores que me van alcanzando, pero solo puedo hacerlo por pocos minutos, enseguida vuelvo a quedarme sola. Llego ya a Llano Alto y enseguida al Castañar. Huelo a meta. Dejo atrás la oscuridad, las luces de Béjar me abrazan, me dan la bienvenida, y de nuevo, los gritos de mi gente, de mis amig@s que una vez más quieren arroparme con su cariño en la línea de meta. Otra vez los chiquill@s que me acompañan: Esto es la gloria, lo he conseguido, estoy en meta después de 17 horas. ¡Me siento feliz, muy feliz!

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Fin de semana de competiciones

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Gran fin de semana de competiciones el que hemos vivido con el Ultrail la Covatilla el sábado y Cumbres Hurdanas el domingo.

Todos teníamos ganas de que llegase el ultra de la Covatilla y poder ver a Oscar Hoya disfrutar de una carrera para la que tanto ha entrenado, lo primero por supuesto era ir a verle a la salida y poder compartir ese pequeño rato con él para desearle suerte. Luego, esperar las noticias por los distintos pasos que Cristina nos iba dando, todo eran buenas noticias, estaba pasando bien por todos los controles y las sensaciones eran buenas, pero queríamos verle pasar por Puerto de Béjar, increíble cuando le vimos, aplausos y muchos ánimos, pero sabíamos que no le iban a hacer falta, venía muy fresco, con buena cara, sonriendo, incluso gastando bromas… Seguro que la compañía de su inseparable Pedro Orgaz le hizo estos kilómetros menos duros de lo que en realidad eran.

Tocaba esperar que pasaran dos grandes amigos nuestros, Esther Guijo y Raúl Ureña, mientras Oscar seguía haciendo los últimos kilómetros. Esther se llevó la ovación de su pueblo y Raúl sacando fuerzas de flaqueza tanbién consiguió pasar por el control de Puerto de Béjar y finalizar la prueba, no nos podíamos olvidar de vosotros….

Y por fín tras casi catorce horas de carrera Óscar entró en meta, consiguiendo un muy meritorio 28 puesto, pero lo que era más importante, terminando un reto que se había propuesto y que le ha costado madrugones, y mucho esfuerzo para llegar a conseguirlo, él no estaba tan seguro como nosotros de que lo iba a conseguir…

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También nos queremos acordar de nuestros amigos que corrieron la maratón de la Covatilla, Alfredo Gil, Gustavo y José Carlos, ahí tenéis vuestra foto de antes de la salida.

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Nuestra enhorabuena a todos vosotros… ¡¡¡¡Sois todos unos campeones!!!!

El domingo nos tocaba correr en Caminomorisco al resto de equipo, Miguel, Manu y yo. Y como no podía ser de otra manera, nuestro Jacinto (que sigue lesionado) fue nuestro mejor animador y fan en las Hurdes.

La mañana amaneció fría, pero luego se quedó una excelente mañana para correr los 15 kilómetros de las Cumbres Hurdanas, como simple risas y tonterías antes de la salida para calmar los nervios…

Luego a correr los 15 kilómetros que nos separaban de meta, el entorno fue espectacular, unas pistas anchas y una perfecta organización, y con unas risas en el kilómetro 13 en forma de olivos que tardaremos en olvidar, que rampas…

Manu como siempre, un pedazo de corredor, campeón de su categoría, Miguel otro carrerón y el que escribe por segunda vez en su vida no volvió a llegar el último… Vamos que todos acabamos satisfechos con nuestra carrera.

También agradecer a Félix Hernández por la cesión de sus fotos, muchas gracias Félix.

Esperamos poder tener muchos más fines de semana como este para disfrutar pero ya con todo el equipo recuperado.

 

Nuestro pequeño homenaje a Oscar Hoya

 

Nuestro compañero Oscar Hoya, corre el fin de semana el Ultra Trail de la Covatilla.

Cómo sabes Oscar,  tu equipo de globeros no está capacitado para poderte acompañar en tan bonito reto y aventura, pero si nos hemos juntado sin tu permiso, y con la ayuda de tu mujer hemos conseguido algunas fotos, para darte una pequeña sorpresa. Esperamos que te guste….

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Todos hemos querido darte ánimos, así que aquí tienes unos cuantos piropos de tu equipo:

  • Ángel: Ser fuerte no te convierte en el mejor, sólo te ayuda a enseñar lo que en realidad llevas dentro. Ánimo y suerte Oscar.
  • Chema: Qué sería de la vida si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo… Mucha suerte Óscar.
  • Manu: Mucha suerte Oscar, aunque no te podamos acompañar todo el equipo te apoya, es una carrera muy dura, disfrútala. Animo campeón.
  • Jacinto: Te doy todo mi apoyo y fuerza, te has preparado a fondo y vales mucho, te deseo que hagas un carrerón y lo disfrutes, mucho ánimo y a dejar el pabellón bien alto, suerte grandullón.
  • Miguel: Te deseo una buena carrera, que la disfrutes aunque la tengas que sufrir, estas carreras sólo están al alcance de verdaderos campeones como tú, ánimo y desde la distancia te empujaremos, vamossssss.
  • Antonio: No te preocupes por la posición en la que llegues, hacerlo ya es todo un triunfo, sólo tienes que dar lo mejor de ti y conseguirás hacer una gran carrera. Disfruta del entorno y en cada kilómetro piensa en todos los que no somos capaces de hacer un reto como este. Y como tú me dices, si la subida se complica trote cochinero… Mucha suerte Oscar.